Mistura, manifestación creativa

Lucía Campero llegó a La Paz en enero de 2013. Llevaba trabajando tres años en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Estados Unidos, país en el que estudió Administración de Empresas, especializándose en Finanzas. Encontró a su madre, Tanaz Campero, y a la diseñadora de joyas Claudia Hinojosa, su socia, entusiasmadas con la idea de abrir una tienda en una antigua y hermosa casona del  1800 ubicada en la calle Sagárnaga de la ciudad de La Paz, paso inexcusable de turistas. El proyecto, que terminó atrapando a Lucía, consistía en crear un espacio donde ofrecer productos de calidad, generados por esa mixtura increíble de culturas que conforma Bolivia, y hacerlo como Dios manda. 
En septiembre de ese año, luego de refacciones, primeros contactos y sueños que luchaban por hacerse realidad, abrió “Mistura, manifestación creativa”, un espacio que pretende ser, más que una tienda, una experiencia. 
Junto a Claudia se sumaron Martina y Agustina Taborga, hijas de Claudia; la primera dedicada a marketing y diseño de modas, cuyo privilegiado sentido de la estética se ve plasmado en las vitrinas y en el talento para sumar el trabajo de diseñadores emergentes. La segunda y menor de las hermanas, experta en mercadeo y comunicación de moda, ocupada en la funcionalidad de los espacios en la tienda.
Prendas de vestir, cosmética, joyería, productos gurmés, decoración del hogar y souvenirs; todos productos de muy buena calidad y hechos, en su mayoría, con materias primas nacionales, que son parte de la oferta. Pero lo que destaca es el tipo de atención que privilegia al cliente, haciendo que disfrute con sus cinco sentidos de la experiencia y, por otro lado, tenga la opción de saber algo de la historia del producto, su procedencia, quiénes lo hicieron –tienen más de 70 proveedores, y en qué condiciones se elaboraron.
 “Tienes que dedicarle alma, vida y corazón”, dice sobre los secretos del éxito de un negocio como Mistura. “Debes ajustarte 100 por ciento al concepto; sobre todo creer que va a funcionar y dedicarle todo tu tiempo, sumergirte en él y sentirlo”. Por otro lado, añade: “hay que tener un juego de cintura para tratar con la gente, tener una actitud positiva, pero estar consciente que las cosas no funcionan tan rápidamente como quisieras”.
Lucía tenía el conocimiento, pero le tocó aprender los pormenores de administrar una empresa en La Paz, conocer la dinámica del artesano, la informalidad, la impuntualidad, el ritmo propio del mercado boliviano, las leyes, los dobles aguinaldos, las marchas…
“La tienda tiene mucho movimiento. Estamos haciendo mejoras constantemente, en todo sentido y tenemos grandes ambiciones para los próximos años”, menciona, entre ellas, abrir una tienda en Santa Cruz a corto plazo y, si todo marcha bien, en Estados Unidos y Europa.